No necesito a nadie ...¿o si? De todas formas nadie podría llenar al vacío que siento. Siempre hay uno en concreto que intenta ayudar, comparándome con otras personas, haciéndome ver que no soy nada, solo una más entre unos cuantos. No es que quiera destacar, ni ser mejor que el resto, pero no quiero ser igual, una copia. Al decir estas palabras ya me convierto en una, de toda esa gente que dice ser libre de modas, que dice ser ''diferente''.
Solo necesito una persona que me entienda, que no intente ayudar con abrazos o caricias y que sepa actuar.
miércoles, 7 de marzo de 2012
Reflexión Moral / micro relato cuarto
Sola y vacía, no encajo en el mundo, nadie me entiende y todos quieren "ayudar", hacer algo por mi.
Cuanto más cómoda estoy, antes viene a por mi, ese sentimiento de angustia que me recuerda que no puedo estar ente personas.
Quiero irme lejos, escapar, salir corriendo, pero como en una pesadilla una puerta se cierra ante mi para impedirlo.
No se que más hacer para salir de aquí, para dejar de sentirme así. Únicamente escribiendo o dibujando me siento feliz, porque es mi única vía de escape quizá... ¿Para qué? Luego siempre llega alguien para estropear esos momentos.
Cuanto más cómoda estoy, antes viene a por mi, ese sentimiento de angustia que me recuerda que no puedo estar ente personas.
Quiero irme lejos, escapar, salir corriendo, pero como en una pesadilla una puerta se cierra ante mi para impedirlo.
No se que más hacer para salir de aquí, para dejar de sentirme así. Únicamente escribiendo o dibujando me siento feliz, porque es mi única vía de escape quizá... ¿Para qué? Luego siempre llega alguien para estropear esos momentos.
sábado, 3 de marzo de 2012
Miedo / micro relato tercero
Corres, cada vez más rápido, sientes el corazón en la garganta, no puedes parar. Sigue, sigue, no sabes por qué pero corres. Llegas a un callejón sin salida, te paras de golpe. Sientes que el estomago se te retuerce. Te apoyas en la pared. Las gotas de sudor resbalan por tu frente.
Miras al frente, le hechas todo el valor posible, las piernas te tiemblan, apenas te mantienes en pie.
Sabes que está cerca, lo notas acercarse cada vez más y más. Cierras los ojos.
Una única lágrima recorre tu mejilla. Abres los ojos, de golpe, la luz te ciega
Ella/ micro relato primero
Calida se presentaba aquella tarde. Mirabas al cielo con los ojos entrecerrados por el sol.
Tumbado encima de la hierba del parque, tus pensamientos solo se dirigían hacía un lugar, una persona en concreto.
Pensabas en esa persona más que en ti mismo. Ella, con la que apenas pasabas tiempo, pero con la que más agusto te encontrabas. Ella con la cual no hablas apenas porque no es necesario, vuestras propias miradas al cruzarse lo dicen todo.
Pero todo ha cambiado ¿verdad? Ya no eres capaz de hablarle, de mirarle... No sabes por qué….
Ella… piensas una vez más….
jueves, 9 de febrero de 2012
Transito
Corres, hace frío, el viento te hiela la cara, no puedes avanzar, el fuerte aire te retiene. Bajas la cabeza, no te sirve de nada, el viento te sigue azotando fuertemente.
Te paras, das dos pasos atrás pues el aire puede contigo. Te miras las manos, están pálidas por el frío. Las uñas están dejando su color natural por uno violáceo. Miras al frente, el mismo camino de siempre te resulta extraño, caminas, ahora despacio, recuerdas cosas, números, se te hace un nudo la garganta, la cabeza te arde en la zona de los ojos.
Quieres llorar, no puedes, sientes que el frío te podría congelar las lágrimas.
Sigues tus mismas huellas de todos los días aunque no las ves.
La fina hierba se hunde bajo tus pies una vez más, notas algo extraño en tus pisadas. Cuando hundes las botas en el frío suelo oyes como algo cruje.
Hay hielo, miras el paisaje y te das cuenta de que ha nevado. ¿En qué estás pensando? Has salido de casa hace rato y no te habías enterado de que había nieve. Tienes la cabeza en otro mundo, no eres consciente de qué o quiénes te rodean.
Te paras, vas a llorar, seguro, casi notas caer las lágrimas por tu cara, el nudo en la garganta no te deja tragar saliva. Miras al cielo, un pequeño y solitario copo de nieve te cae en la mejilla, está muy frío, congelado.
Hace rato que ignoras el aire. Caminas de nuevo, ya has llegado...... El instituto
Te paras, das dos pasos atrás pues el aire puede contigo. Te miras las manos, están pálidas por el frío. Las uñas están dejando su color natural por uno violáceo. Miras al frente, el mismo camino de siempre te resulta extraño, caminas, ahora despacio, recuerdas cosas, números, se te hace un nudo la garganta, la cabeza te arde en la zona de los ojos.
Quieres llorar, no puedes, sientes que el frío te podría congelar las lágrimas.
Sigues tus mismas huellas de todos los días aunque no las ves.
La fina hierba se hunde bajo tus pies una vez más, notas algo extraño en tus pisadas. Cuando hundes las botas en el frío suelo oyes como algo cruje.
Hay hielo, miras el paisaje y te das cuenta de que ha nevado. ¿En qué estás pensando? Has salido de casa hace rato y no te habías enterado de que había nieve. Tienes la cabeza en otro mundo, no eres consciente de qué o quiénes te rodean.
Te paras, vas a llorar, seguro, casi notas caer las lágrimas por tu cara, el nudo en la garganta no te deja tragar saliva. Miras al cielo, un pequeño y solitario copo de nieve te cae en la mejilla, está muy frío, congelado.
Hace rato que ignoras el aire. Caminas de nuevo, ya has llegado...... El instituto
jueves, 8 de diciembre de 2011
El faro.
Oyes un susurro que te estremece, te revuelves sobre una superficie blanda y plana, es incomoda, te llevas la mano a la cara y notas arena. Abres los ojos, ves un cielo gris frente a ti, te incorporas. Estas sentada sobre arena, delante ahora tienes el mar, turbio y gris como el cielo. No ves el Sol por ninguna parte, solo nubes.
Te levantas despacio para no marearte. Te sacudes las manos en el vestido, un vestido largo que te va arrastrando por la arena. Es gris igual que el resto del paisaje.
Empiezas a caminar y te das cuenta de que vas descalza, las conchas se te clavan en la planta de los pies. Es un dolor agradable. Tienes frío, una fuerte brisa te ataca de frente, echa tu cabello color fuego hacia atrás, la humedad del ambiente te empapa el rostro, o quizá es una espesa niebla que se empieza a levantar.
Según vas caminando empiezas a vislumbrar una pequeña luz parpadeante en el horizonte. Echas a correr, las conchas parecen ya pequeñas agujas clavándose en tus pies. Sientes el corazón en la garganta por culpa de la carrera, cuanto más corres más lejos parece estar la luz, sientes que vas a vomitar los pulmones, que si paras revientas así que sigues corriendo a pesar de no poder más con tu alma.
Para no caer te vas levantando el vestido, con la humedad se hace cada vez más pesado, tienes una pelea invencible con las telas hasta que ocurre, pisas los bajos del vestido, tropiezas y caes al suelo. El golpe lo recibes con las rodillas y sobretodo con la barbilla. Te incorporas haciendo fuerza con los codos. Notas el dolor en toda la mandíbula. Al caer te has mordido el labio inferior y notas la sangre, no es una gran herida y solo tienes un pequeño corte. Te levantas el vestido para analizar daños en las piernas. Solo tienes las rodillas doloridas, no hay sangre.
Te pones en pie, la luz sigue luciendo a lo lejos, tu corazón se va tranquilizando poco a poco. Intentas adivinar de donde viene la luz que parpadea entrecerrando un poco los ojos, pero no ves nada.
Caminas de nuevo hacia la luz, esta vez más despacio. > Estoy muerta< piensas, es la única explicación razonable que se te ocurre para explicar la luz.
No sabes que haces en una playa desierta, no sabes quién te llevó allí, piensas que sola no pudiste llegar, pero sola estás.
Parece que la luz si se acercaba esta vez.
Por fin llegas. Un gran muro de piedra se alza ante ti. Miras hacia arriba y ves la luz, girando sobre tu cabeza.
> Un faro< ahora todo cobra sentido, la luz era la de un faro.
De lejos empiezas a oír los graznidos de las gaviotas. Te giras e intentas buscarlas. La niebla sigue siendo muy densa. Te sientas con la espalda apoyada en el muro de piedra del faro. Metes la cabeza entre las rodillas, aún sientes el dolor en la boca, miras al frente...frente...
Te has quedado sin ideas. Ya no sabes como continuar la historia, has escrito sobre una chica perdida en una playa ella sola, se cae y ... ¿Qué? nada porque ya no tienes más ideas. Tienes una mente enrevesada, demasiado compleja, la has exprimido demasiado para crear hasta donde tienes, pero ya has gastado todos tus recursos. Te levantas de la silla negra del estudio, sales por la puerta y te vas al salón. Te tumbas en el sillón declinable que está junto a la estantería. Enciendes la tele y cierras los ojos. Piensas que si te duermes, alomejor sueñas con un final para tu historia, una historia con principio, pero sin final.
Mentalmente repasas el relato..." Oyes un susurro que te estremece, te revuelves sobre una superficie blanda y plana..."
Te levantas despacio para no marearte. Te sacudes las manos en el vestido, un vestido largo que te va arrastrando por la arena. Es gris igual que el resto del paisaje.
Empiezas a caminar y te das cuenta de que vas descalza, las conchas se te clavan en la planta de los pies. Es un dolor agradable. Tienes frío, una fuerte brisa te ataca de frente, echa tu cabello color fuego hacia atrás, la humedad del ambiente te empapa el rostro, o quizá es una espesa niebla que se empieza a levantar.
Según vas caminando empiezas a vislumbrar una pequeña luz parpadeante en el horizonte. Echas a correr, las conchas parecen ya pequeñas agujas clavándose en tus pies. Sientes el corazón en la garganta por culpa de la carrera, cuanto más corres más lejos parece estar la luz, sientes que vas a vomitar los pulmones, que si paras revientas así que sigues corriendo a pesar de no poder más con tu alma.
Para no caer te vas levantando el vestido, con la humedad se hace cada vez más pesado, tienes una pelea invencible con las telas hasta que ocurre, pisas los bajos del vestido, tropiezas y caes al suelo. El golpe lo recibes con las rodillas y sobretodo con la barbilla. Te incorporas haciendo fuerza con los codos. Notas el dolor en toda la mandíbula. Al caer te has mordido el labio inferior y notas la sangre, no es una gran herida y solo tienes un pequeño corte. Te levantas el vestido para analizar daños en las piernas. Solo tienes las rodillas doloridas, no hay sangre.
Te pones en pie, la luz sigue luciendo a lo lejos, tu corazón se va tranquilizando poco a poco. Intentas adivinar de donde viene la luz que parpadea entrecerrando un poco los ojos, pero no ves nada.
Caminas de nuevo hacia la luz, esta vez más despacio. > Estoy muerta< piensas, es la única explicación razonable que se te ocurre para explicar la luz.
No sabes que haces en una playa desierta, no sabes quién te llevó allí, piensas que sola no pudiste llegar, pero sola estás.
Parece que la luz si se acercaba esta vez.
Por fin llegas. Un gran muro de piedra se alza ante ti. Miras hacia arriba y ves la luz, girando sobre tu cabeza.
> Un faro< ahora todo cobra sentido, la luz era la de un faro.
De lejos empiezas a oír los graznidos de las gaviotas. Te giras e intentas buscarlas. La niebla sigue siendo muy densa. Te sientas con la espalda apoyada en el muro de piedra del faro. Metes la cabeza entre las rodillas, aún sientes el dolor en la boca, miras al frente...frente...
Te has quedado sin ideas. Ya no sabes como continuar la historia, has escrito sobre una chica perdida en una playa ella sola, se cae y ... ¿Qué? nada porque ya no tienes más ideas. Tienes una mente enrevesada, demasiado compleja, la has exprimido demasiado para crear hasta donde tienes, pero ya has gastado todos tus recursos. Te levantas de la silla negra del estudio, sales por la puerta y te vas al salón. Te tumbas en el sillón declinable que está junto a la estantería. Enciendes la tele y cierras los ojos. Piensas que si te duermes, alomejor sueñas con un final para tu historia, una historia con principio, pero sin final.
Mentalmente repasas el relato..." Oyes un susurro que te estremece, te revuelves sobre una superficie blanda y plana..."
lunes, 3 de octubre de 2011
Ya nada importa...
Enviado por Ana Isabel ta ta tata tachán!!!!!!!!!! he aquí su relato
Sonrisa desgarrada plasma mi rostro de serenidad fingida.
No importa. Acaricia suavemente el borde de mi barbilla, tratando de despertarme de mi ensueño.
Delicadamente, como si en cristal me hubiera convertido, temeroso de quebrarme con un brusco
movimiento, alza mi cabeza. Mi mirada abandona el ruinoso pavimento que me ha servido como
refugio durante los últimos dos minutos. Levanto la vista, recorriendo su cuerpo pausadamente y me
detengo en la comisura de sus labios, sus carnosos labios. Finalmente, alcanzo sus enigmáticos ojos,
sus almendrados ojos, brillando a la tenue luz de la Luna, la reina indiscutible de la noche. Mueca de
felicidad muestran sus facciones discretamente, atrayéndome hacia sí con lentitud. Un beso, un largo
pero efímero beso, me regala, me estrecha entre sus brazos, me envuelve como si un manto
protector se tratase, posa su voz en el umbral de mi oído. No te oigo, quiero gritar con todas mis
fuerzas, no logro escucharte, no me abandones, no te marches nunca, quédate, solo deseo eso
como máxima voluntad, como único anhelo de mi ingrata existencia. Da media vuelta, sostengo su
mano con fuerza, no me dejes sola, te lo suplico, trato de decir, malinterpretando mi lúgubre
semblante, sella mis labios de forma más duradera y me entrega en el rellano de mi hogar.
Silenciosamente, se marcha risueño, la soledad se apodera de todo mi ser cuando su figura
abandona el firmamento. Contemplo por última vez aquel centenario portón, camino con acelerado
paso hacia donde debía ir, llegando tras recorrer un corto espacio de tiempo. No importa. Ya nada
importa. Ya no finjo sonrisas, mi serenidad, perdida, aprieto mis ojos con tanta fuerza como se me
permite, apresurando mi moribunda mano a mis párpados, comprobando la posterior humedad de
estos traidores acobardados. Ya no está, él ya no está. Se fue hace demasiado tiempo, no volvió,
sorprendido por la inevitable visita vital. La luz se acerca, me atrevo a dar el paso para desaparecer
del emponzoñado mundo,desintegrando todo mientras un desagradable chirrido desvanece mi
materia. Escarlata. Solo queda escarlata. Igual que tú me dejaste, con solo escarlata para las
inmundas vías engrasadas. No importa. Nos encontraremos cuando caiga de nuevo la penumbra mi
mundo dormido.
sábado, 1 de octubre de 2011
El cazador y la cierva
Miraba por el ojo de mira de la escopeta, muy seguro de que ese día conseguiría alguna pieza. La temporada no iba muy bien, al menos para él, que fardaba de ser un excelente cazador en bosque.
Caminaba despacio, procurando hacer el menor ruido posible. Las pequeñas ramitas, caídas de los árboles crujían casi en susurros bajo sus botas.Avanzaba con el sigilo de un felino, con el arma ya dispuesta para ser disparada en cualquier momento.
En el bosque daba la impresión de estar él solo, sin nadie más, ningún otro ser humano, que pasease por entre aquellos grandes árboles frondosos.No se oía un alma. Ni siquiera los pájaros parecían atreverse a hacer ruido.
De pronto se paró en seco. Sin hacer ningún ruido, preparó la gran escopeta, pues le pareció haber visto algo moverse entre los arbustos. Así era, una cierva, de pelaje pardo brillante a los rayos del sol que se filtraban entre las copas de los árboles, de orejas finas y puntiagudas. La mejor pieza que había visto jamás, pensó, por un ejemplar así se haría famoso. Su cabeza empezó a divagar entre las posibilidades de riqueza que le daría el animal. Cunado se quiso dar cuenta, el majestuoso animal, ya se había percatado de su existencia, le miraba fijamente a través de los matojos y arbustos, con sus ojos negros de largas pestañas marrones.
El cazador al darse cuenta quiso reaccionar, apuntó con el arma, ya la tenía a tiro pero... no pudo, le era imposible apretar el gatillo, cargó el arma, para intentar tranquilizarse, volvió a apuntar. Esta vez no disparó por curiosidad, curiosidad de que el animal no hubiese huido, a estas alturas, cualquier otra cierva ya habría salido trotando de allí. Esta, permanecía inmóvil mirándole, con aire de superioridad, pensó, pero eso era imposible.
Se secó el sudor de la frente, con la manga de la camisa, dio un pequeño paso al frente, la cierva, levantó una oreja a la vez que levemente la cabeza y empezó a saltar, adentrándose en las profundidades del bosque.
Al verla marcar el cazador corrió tras ella, ya no levaba su arma en posición de ataque, la llevaba cogida por la mitad del tubo del cañón, y la iba balanceando cada vez que daba una zancada.
La cierva corría más que él, pero parecía estar esperándole, como si todo aquello no fuese más que un juego para ella, él sin embargo, empezaba a sentirse agotado. El sudor empezaba a deslizarse por su cara, frío como el hielo y picante en los ojos. La carrera empezó a darle dolor de pecho, deseaba parar pero le importaba más perseguir su premio.
En un acto reflejo, tiró la escopeta al suelo, provocando un ruido de ramas rotas bajo ella, no miró atrás, una fuerza más fuerte que la avaricia le impulsaba a seguir corriendo, a pesar de que estaba claro que no podía más.
Por fin la cierva paró, estaba en el centro justo de un gran blanco en el bosque, el cazador al parar sintió una nausea subirla hacía la boca desde el estomago, la retuvo hasta detenerla.
El bello animal le volvía a mirar fijamente, el cazador comenzó a buscar su arma, se acordó de que la había tirado mientras corría tras la cierva. Una luz resplandeciente le cegó de repente, cuando ceso un poco, se habia olvidado del arma y de la caza solo la veia a ella.
El majestuoso animal de pardo pelaje se habia convertido en una hermosa mujer de castaños cabellos largos. Desde ese momento, decidió olvidarse de la caza, de todo que pudiese dañar a otro ser, la bella mujer le miraba, él no lograba descifrar su cara pero veía cierta desconfianza.
Ella se acercó a él, alargó el brazo y...
Desaparecieron juntos en la deslumbrante luz en el claro del bosque.
Caminaba despacio, procurando hacer el menor ruido posible. Las pequeñas ramitas, caídas de los árboles crujían casi en susurros bajo sus botas.Avanzaba con el sigilo de un felino, con el arma ya dispuesta para ser disparada en cualquier momento.
En el bosque daba la impresión de estar él solo, sin nadie más, ningún otro ser humano, que pasease por entre aquellos grandes árboles frondosos.No se oía un alma. Ni siquiera los pájaros parecían atreverse a hacer ruido.
De pronto se paró en seco. Sin hacer ningún ruido, preparó la gran escopeta, pues le pareció haber visto algo moverse entre los arbustos. Así era, una cierva, de pelaje pardo brillante a los rayos del sol que se filtraban entre las copas de los árboles, de orejas finas y puntiagudas. La mejor pieza que había visto jamás, pensó, por un ejemplar así se haría famoso. Su cabeza empezó a divagar entre las posibilidades de riqueza que le daría el animal. Cunado se quiso dar cuenta, el majestuoso animal, ya se había percatado de su existencia, le miraba fijamente a través de los matojos y arbustos, con sus ojos negros de largas pestañas marrones.
El cazador al darse cuenta quiso reaccionar, apuntó con el arma, ya la tenía a tiro pero... no pudo, le era imposible apretar el gatillo, cargó el arma, para intentar tranquilizarse, volvió a apuntar. Esta vez no disparó por curiosidad, curiosidad de que el animal no hubiese huido, a estas alturas, cualquier otra cierva ya habría salido trotando de allí. Esta, permanecía inmóvil mirándole, con aire de superioridad, pensó, pero eso era imposible.
Se secó el sudor de la frente, con la manga de la camisa, dio un pequeño paso al frente, la cierva, levantó una oreja a la vez que levemente la cabeza y empezó a saltar, adentrándose en las profundidades del bosque.
Al verla marcar el cazador corrió tras ella, ya no levaba su arma en posición de ataque, la llevaba cogida por la mitad del tubo del cañón, y la iba balanceando cada vez que daba una zancada.
La cierva corría más que él, pero parecía estar esperándole, como si todo aquello no fuese más que un juego para ella, él sin embargo, empezaba a sentirse agotado. El sudor empezaba a deslizarse por su cara, frío como el hielo y picante en los ojos. La carrera empezó a darle dolor de pecho, deseaba parar pero le importaba más perseguir su premio.
En un acto reflejo, tiró la escopeta al suelo, provocando un ruido de ramas rotas bajo ella, no miró atrás, una fuerza más fuerte que la avaricia le impulsaba a seguir corriendo, a pesar de que estaba claro que no podía más.
Por fin la cierva paró, estaba en el centro justo de un gran blanco en el bosque, el cazador al parar sintió una nausea subirla hacía la boca desde el estomago, la retuvo hasta detenerla.
El bello animal le volvía a mirar fijamente, el cazador comenzó a buscar su arma, se acordó de que la había tirado mientras corría tras la cierva. Una luz resplandeciente le cegó de repente, cuando ceso un poco, se habia olvidado del arma y de la caza solo la veia a ella.
El majestuoso animal de pardo pelaje se habia convertido en una hermosa mujer de castaños cabellos largos. Desde ese momento, decidió olvidarse de la caza, de todo que pudiese dañar a otro ser, la bella mujer le miraba, él no lograba descifrar su cara pero veía cierta desconfianza.
Ella se acercó a él, alargó el brazo y...
Desaparecieron juntos en la deslumbrante luz en el claro del bosque.
domingo, 25 de septiembre de 2011
Una noche: Final
La miraba todos los días, cuando se acercaba a la tumba del que una vez fue su padre.
Le visitaba todos los días al caer la tarde, con las últimas luces.
Muchas veces me preguntaba , por que solo ella iba a visitarle. Jamás lo entendí.
La miraba todas las tardes esperando que un día se fijase en mi, nunca lo hacía, y, mi corazón gritaba dolorosamente dentro de mi pecho de piedra fría y gris, gris como el cielo que cubría habitualmente este lúgubre cementerio.
Pasaba el tiempo, el invierno llegó.Ella entró de nuevo en el cementerio, cautelosa, como preocupada por si su presencia fuese a molestar a alguien,>a los cuervos< pensé,¿a quién si no?. De repente después de mucho tiempo, me fijé en algo, que causó en mi una gran sorpresa.Su largo cabello rojizo, se había tornado grisáceo, ese brillo llameante, se había transformado en un leve recuerdo sobre un fondo gris plateado. A mi me seguí pareciendo la cosa más hermosa que había visto nunca, ahora con más valor si cabe, pues las cosas antiguas son más valoradas ¿no?.
El corazón me dio un vuelco, cuando de repente ella, la mujer que habitaba en mi corazón, la dueña de mi alma decidió girarse, empezar a caminar, hacia mi. Caminaba lenta, pero decidida a llegar junto a mi.¿ Había escuchado los gritos de mi corazón, realmente me veía, como yo la veía a ella?.
No, estaba claro que no, al llegar al pie de mi altar, se paró, y se agachó despacio y con cuidado de no pisarse el vestido. Nunca supe por que pero al levantarse tenia lagrimas en los ojos. Me miró fijamente, a la cara, cosa que no había hecho nunca desde que aquella noche había entrado en el cementerio con aquel vestido negro que le cubría los pies. Llorando, alzó la mano y la posó en la fría roca, que era mi cuerpo. Nunca había oído su voz antes, al menos no tan clara como esta vez.
"Tan majestuoso, eres ángel caído, que te llevas a los mejores, y dejas a los peores, no se porque lo siento pero es así, me infundes respeto con esas alas tuyas, de piedra gris, alzado en medio del cementerio observas todo cuanto hay aquí, ves el sufrimiento de otros y ni te inmutas, sin embargo, yo te entiendo, has aprendido a no sentir, tanto tiempo solo, con las alas de piedra gris, abiertas y extendidas hacia el cielo. Ofreces la imagen de un dios cuando en realidad no eres más que alguien como yo. Soledad hay en tu corazón si es que tienes, la repartes a los que aún en vida aquí vienen, a visitar a sus muertos, los cuales tu te llevaste, sin preguntar siquiera el parecer de estos. Nadie te ha plantado cara jamás, y, nadie lo hará, porque infundes temor a la vez que respeto, tú, alzado imponente en este frío cementerio. Solo quiero saber una cosa, y la respuesta está en tu corazón tallado en granito, ¿ podrás llevarme a mi contigo?, no quiero quedarme aquí, y que me metan en un sarcófago, que me tapen con arena y, pongan en una piedra, la gran persona que fui, quiero ir contigo, pasear por el mundo del olvido, de tu mano. Poder tocar las nubes del cielo si es que existe, o del infierno, oler el azufre. De que sirve vivir, llorando a alguien como he hecho yo. De nada, pues nadie te recordará a ti.Ahora es tu elección mi ángel caído, llévame o déjame, pero decídete, pues mi reloj se está parando, pronto darán las doce, y pronto caeré sobre la nieve helada, a tus pies."
Ella lo había dicho, quería estar conmigo, mi amor era correspondido.
Un cosquilleo recorrió mi espalda, subiendo por mis alas de piedra, alojándose en la última de las duras plumas. El cosquilleo llegó a la punta de mis dedos, sentía como, si quisiera, podría moverlos.
Algo en mi interior explotó, ella, la dama de negro, de largos cabellos rojos estaba en el suelo, tendida, como dormida, inerte a mis pies, era cierto, había venido como última vez aquí, a ver como su reloj se paraba, sin posibilidad de darle cuerda de nuevo. A lo lejos, me pareció oír un crujido, pero en realidad no estaba lejos, era yo el que crujía, y la explosión de mi interior, si que había tenido lugar. Noté como poco a poco, pero deprisa, mi cuerpo se desquebrajaba, pero no era doloroso, era más bien agradable. En el fondo sabía que era el fin, pero no sabía de que. Un a voz empezó a sonar en mi cabeza > Decídete < decía la voz, era una voz femenina, la reconocía perfectamente, sabía de quién era y a que se refería.
Tranquilidad, eso sentí de pronto. Solo podía ver una luz intensa delante de mi, poco a poco la luz fue dejando ver una figura, delicada, de mujer, con largos cabellos rojos ondulando con el viento, era incluso más ángel que yo, sin alas ni aureola, no le hacia falta, era hermosa.
"¿Ya te has decidido?" Su voz era más suave que anteriormente en el cementerio, parecía incluso, carente de sentimiento, tal vez solo curiosidad por saber la respuesta a la pregunta. "Te dije que la respuesta estaba en tu corazón ¿ya le has preguntado?"
Me quedé estupefacto, no sabía que responder, mi corazón, golpeaba con fuerza en mi pecho, pero no sabía que quería decir. La miraba fijamente, pero no con miedo ni preocupación, si no con ternura, tenía ganas de besarla, de tenerla entre mis brazos, sentir su cuerpo cerca del mío, ahora podía, ya no era una piedra fría, era real, y ella estaba delante mío, esperando a que yo la hablase.
Me acerqué lentamente, ella no parecía estar molesta, ni asustada, no retrocedió, como pensé que haría, simplemente se quedó quieta, mirándome, esperando una respuesta. Llegué tan cerca de ella como pude, me fijé de pronto de que era joven de nuevo, ella me estaba mirando, sus ojos verdes penetraban en mi con la fuerza del calor solar en verano, en mi interior algo ardía, no podía controlar ya mi cuerpo, ya no era yo su dueño, algo lo hacía por mi, una fuerza superior me empujo a hacer lo que hice, y no lo cambiaría jamás. Alargué un brazo, la sujeté la mejilla y la besé. Lo que llevaba años queriendo hacer, por fin lo hice, y fue mejor de lo que había soñado.Para mi sorpresa ella me devolvió el beso. Sentía un millón de cosas juntas, no sabía que hacer, pensar, sentir...
Una mano se posó en mi hombro, era fina y cálida, suave y delicada, el tacto me gustaba. Ella separó sus labios de los míos con sorprendente delicadeza, sentí, que si lo hubiese hecho más fuerte, se habría roto en pedazos. Un estruendo me sacó de mi ensoñación, realmente algo se había roto en mil pedazos.Yo, la estatua que antes había sido mi cuerpo se había desplomado sobre la nieve del cementerio, ella aún seguía allí, muerta en el suelo.Algo en aquella escena llamó mi atención, los trozos de piedra gris, y granito habían caído de forma que esquivaron el cuerpo. Me sobresalté cuando me fijé en que ella, había contemplado la imagen a mi lado, no se había marchado después del beso, y lo más sorprendente era que me estaba cogiendo la mano.
"Ya me he decidido" le dije sin mirarla, y con voz tranquila, como sabiendo que ella esperaba eso desde el principio. "Te llevaré conmigo, a donde tu desees"
Ella me miró, por primera vez en muchos años de estar observandola , me sonrió, directamente a mi, sin ningún sentimiento amargo, mostraba felicidad incluso.
Por fin estaba junto a ella, y ella estaba junto a mi, los dos eramos felices después de años de tristeza y soledad.
Lo curioso es, que después de oír gritar a mi corazón durante tantos años, ahora lo hace de nuevo, y me parece agradable , porque ahora grita de felicidad y no de tristeza y eso es irreemplazable.
Ahora estaba junto a ella, la mujer de mis sueños y mi corazón grita: " TE QUIERO!
Le visitaba todos los días al caer la tarde, con las últimas luces.
Muchas veces me preguntaba , por que solo ella iba a visitarle. Jamás lo entendí.
La miraba todas las tardes esperando que un día se fijase en mi, nunca lo hacía, y, mi corazón gritaba dolorosamente dentro de mi pecho de piedra fría y gris, gris como el cielo que cubría habitualmente este lúgubre cementerio.
Pasaba el tiempo, el invierno llegó.Ella entró de nuevo en el cementerio, cautelosa, como preocupada por si su presencia fuese a molestar a alguien,>a los cuervos< pensé,¿a quién si no?. De repente después de mucho tiempo, me fijé en algo, que causó en mi una gran sorpresa.Su largo cabello rojizo, se había tornado grisáceo, ese brillo llameante, se había transformado en un leve recuerdo sobre un fondo gris plateado. A mi me seguí pareciendo la cosa más hermosa que había visto nunca, ahora con más valor si cabe, pues las cosas antiguas son más valoradas ¿no?.
El corazón me dio un vuelco, cuando de repente ella, la mujer que habitaba en mi corazón, la dueña de mi alma decidió girarse, empezar a caminar, hacia mi. Caminaba lenta, pero decidida a llegar junto a mi.¿ Había escuchado los gritos de mi corazón, realmente me veía, como yo la veía a ella?.
No, estaba claro que no, al llegar al pie de mi altar, se paró, y se agachó despacio y con cuidado de no pisarse el vestido. Nunca supe por que pero al levantarse tenia lagrimas en los ojos. Me miró fijamente, a la cara, cosa que no había hecho nunca desde que aquella noche había entrado en el cementerio con aquel vestido negro que le cubría los pies. Llorando, alzó la mano y la posó en la fría roca, que era mi cuerpo. Nunca había oído su voz antes, al menos no tan clara como esta vez.
"Tan majestuoso, eres ángel caído, que te llevas a los mejores, y dejas a los peores, no se porque lo siento pero es así, me infundes respeto con esas alas tuyas, de piedra gris, alzado en medio del cementerio observas todo cuanto hay aquí, ves el sufrimiento de otros y ni te inmutas, sin embargo, yo te entiendo, has aprendido a no sentir, tanto tiempo solo, con las alas de piedra gris, abiertas y extendidas hacia el cielo. Ofreces la imagen de un dios cuando en realidad no eres más que alguien como yo. Soledad hay en tu corazón si es que tienes, la repartes a los que aún en vida aquí vienen, a visitar a sus muertos, los cuales tu te llevaste, sin preguntar siquiera el parecer de estos. Nadie te ha plantado cara jamás, y, nadie lo hará, porque infundes temor a la vez que respeto, tú, alzado imponente en este frío cementerio. Solo quiero saber una cosa, y la respuesta está en tu corazón tallado en granito, ¿ podrás llevarme a mi contigo?, no quiero quedarme aquí, y que me metan en un sarcófago, que me tapen con arena y, pongan en una piedra, la gran persona que fui, quiero ir contigo, pasear por el mundo del olvido, de tu mano. Poder tocar las nubes del cielo si es que existe, o del infierno, oler el azufre. De que sirve vivir, llorando a alguien como he hecho yo. De nada, pues nadie te recordará a ti.Ahora es tu elección mi ángel caído, llévame o déjame, pero decídete, pues mi reloj se está parando, pronto darán las doce, y pronto caeré sobre la nieve helada, a tus pies."
Ella lo había dicho, quería estar conmigo, mi amor era correspondido.
Un cosquilleo recorrió mi espalda, subiendo por mis alas de piedra, alojándose en la última de las duras plumas. El cosquilleo llegó a la punta de mis dedos, sentía como, si quisiera, podría moverlos.
Algo en mi interior explotó, ella, la dama de negro, de largos cabellos rojos estaba en el suelo, tendida, como dormida, inerte a mis pies, era cierto, había venido como última vez aquí, a ver como su reloj se paraba, sin posibilidad de darle cuerda de nuevo. A lo lejos, me pareció oír un crujido, pero en realidad no estaba lejos, era yo el que crujía, y la explosión de mi interior, si que había tenido lugar. Noté como poco a poco, pero deprisa, mi cuerpo se desquebrajaba, pero no era doloroso, era más bien agradable. En el fondo sabía que era el fin, pero no sabía de que. Un a voz empezó a sonar en mi cabeza > Decídete < decía la voz, era una voz femenina, la reconocía perfectamente, sabía de quién era y a que se refería.
Tranquilidad, eso sentí de pronto. Solo podía ver una luz intensa delante de mi, poco a poco la luz fue dejando ver una figura, delicada, de mujer, con largos cabellos rojos ondulando con el viento, era incluso más ángel que yo, sin alas ni aureola, no le hacia falta, era hermosa.
"¿Ya te has decidido?" Su voz era más suave que anteriormente en el cementerio, parecía incluso, carente de sentimiento, tal vez solo curiosidad por saber la respuesta a la pregunta. "Te dije que la respuesta estaba en tu corazón ¿ya le has preguntado?"
Me quedé estupefacto, no sabía que responder, mi corazón, golpeaba con fuerza en mi pecho, pero no sabía que quería decir. La miraba fijamente, pero no con miedo ni preocupación, si no con ternura, tenía ganas de besarla, de tenerla entre mis brazos, sentir su cuerpo cerca del mío, ahora podía, ya no era una piedra fría, era real, y ella estaba delante mío, esperando a que yo la hablase.
Me acerqué lentamente, ella no parecía estar molesta, ni asustada, no retrocedió, como pensé que haría, simplemente se quedó quieta, mirándome, esperando una respuesta. Llegué tan cerca de ella como pude, me fijé de pronto de que era joven de nuevo, ella me estaba mirando, sus ojos verdes penetraban en mi con la fuerza del calor solar en verano, en mi interior algo ardía, no podía controlar ya mi cuerpo, ya no era yo su dueño, algo lo hacía por mi, una fuerza superior me empujo a hacer lo que hice, y no lo cambiaría jamás. Alargué un brazo, la sujeté la mejilla y la besé. Lo que llevaba años queriendo hacer, por fin lo hice, y fue mejor de lo que había soñado.Para mi sorpresa ella me devolvió el beso. Sentía un millón de cosas juntas, no sabía que hacer, pensar, sentir...
Una mano se posó en mi hombro, era fina y cálida, suave y delicada, el tacto me gustaba. Ella separó sus labios de los míos con sorprendente delicadeza, sentí, que si lo hubiese hecho más fuerte, se habría roto en pedazos. Un estruendo me sacó de mi ensoñación, realmente algo se había roto en mil pedazos.Yo, la estatua que antes había sido mi cuerpo se había desplomado sobre la nieve del cementerio, ella aún seguía allí, muerta en el suelo.Algo en aquella escena llamó mi atención, los trozos de piedra gris, y granito habían caído de forma que esquivaron el cuerpo. Me sobresalté cuando me fijé en que ella, había contemplado la imagen a mi lado, no se había marchado después del beso, y lo más sorprendente era que me estaba cogiendo la mano.
"Ya me he decidido" le dije sin mirarla, y con voz tranquila, como sabiendo que ella esperaba eso desde el principio. "Te llevaré conmigo, a donde tu desees"
Ella me miró, por primera vez en muchos años de estar observandola , me sonrió, directamente a mi, sin ningún sentimiento amargo, mostraba felicidad incluso.
Por fin estaba junto a ella, y ella estaba junto a mi, los dos eramos felices después de años de tristeza y soledad.
Lo curioso es, que después de oír gritar a mi corazón durante tantos años, ahora lo hace de nuevo, y me parece agradable , porque ahora grita de felicidad y no de tristeza y eso es irreemplazable.
Ahora estaba junto a ella, la mujer de mis sueños y mi corazón grita: " TE QUIERO!
miércoles, 21 de septiembre de 2011
Amigos = Enemigos
Sonrisas forzadas, las tuyas cuando no estas entre tus amigos de verdad, ¿Quienes son?, nadie lo sabe.
Una noche despertó, congelada de frío, en un rincón de una fría calle de Madrid. La que por el día era una gran calle transitada por docenas de personas ahora estaba vacía. Se sentía sola, nunca lo había estado tanto. No recordaba la última vez que había estado sola, siempre había tenido a sus amigos con ella, pero, ahora no estaba segura de que lo fuesen, sus amigos.
Todo mentira quizá. Miró de un lado a otro, esperando encontrar algo que la inspirase confianza, o por lo menos que le resultase familiar.Allí estaba, el kiosco de la plaza, corrió hacía él, no estaba segura de porque corría pues, en su interior sabía que no encontraría a nadie, ni nada útil tampoco. Una vez llegó a la ventana, se asomó por dentro para intentar ver algo, pero estaba vacío y oscuro, no había nada.
Se giró cabizbaja, y comenzó a andar, el blanco vestido que llevaba puesto le arrastraba por el suelo, se la estaban manchando los finos bajos bordeados con detalles florales en tonos plateados, ahora que lo pensaba, no recordaba haber comprado aquel vestido. Lo miró detenidamente y una vez estuvo segura de que no era suyo pensó, me gusta, antes jamás lo habría admitido, pero ahora todo era distinto.
Al no haber nadie con ella, no tenia que fingir ser lo que no era, podía ser ella misma y admitir que aquel vestido blanco, con los bajos grises por culpa del suelo sucio, le encantaba.
Bajó la vista para mirarse a los pies, con el largo vestido no los veía, así que empezó a andar dando grandes zancadas para poder verse las puntas de los pies. iba descalza, pensó que si alguien la veía pensaría que era pobre, pero no había nadie, decidió darse rienda suelta, de todas formas, ¿quién iba a impedírselo?.
No sentía el suelo bajo sus pies, era como ir flotando, flotando por las calles de Madrid. La sensación era maravillosa, le gustaba, sentía como el aire le acariciaba el pelo y provocaba su lento movimiento hacía atrás, pero, ella no sentía ninguna caricia provocada por ese viento en la cara. Se paró en seco, había llegado a la Puerta del Sol, miró de un lado a otro, aún no se había fijado de que rea de noche.Para ella el día ya no existía, vivía en la más profunda y eterna de las noches. Se miró las manos, hacerlo le recordaba porque estaba sola y esa sensación no le gustaba. Estaba sola porque ya no podía estar con nadie, estaba muerta, era un fantasma. A través de sus blancas manos podía ver el suelo, veía a través de ellas como si fuesen cristal translucido.
La soledad volvió a invadirla, pero esta vez miró al frente y recordó, que antes no había estado mucho mejor, pues, los falsos amigos no la hicieron sentir mucho más acompañada.
Solo recordaba a tres o cuatro amigos de verdad, y, no estaba segura de si atribuirles tal mérito, pues , a la hora de la verdad nadie dio la cara por ella.
Ya se sabe que, los amigos verdaderos se cuentan con lo dedos de una mano.
Una noche despertó, congelada de frío, en un rincón de una fría calle de Madrid. La que por el día era una gran calle transitada por docenas de personas ahora estaba vacía. Se sentía sola, nunca lo había estado tanto. No recordaba la última vez que había estado sola, siempre había tenido a sus amigos con ella, pero, ahora no estaba segura de que lo fuesen, sus amigos.
Todo mentira quizá. Miró de un lado a otro, esperando encontrar algo que la inspirase confianza, o por lo menos que le resultase familiar.Allí estaba, el kiosco de la plaza, corrió hacía él, no estaba segura de porque corría pues, en su interior sabía que no encontraría a nadie, ni nada útil tampoco. Una vez llegó a la ventana, se asomó por dentro para intentar ver algo, pero estaba vacío y oscuro, no había nada.
Se giró cabizbaja, y comenzó a andar, el blanco vestido que llevaba puesto le arrastraba por el suelo, se la estaban manchando los finos bajos bordeados con detalles florales en tonos plateados, ahora que lo pensaba, no recordaba haber comprado aquel vestido. Lo miró detenidamente y una vez estuvo segura de que no era suyo pensó, me gusta, antes jamás lo habría admitido, pero ahora todo era distinto.
Al no haber nadie con ella, no tenia que fingir ser lo que no era, podía ser ella misma y admitir que aquel vestido blanco, con los bajos grises por culpa del suelo sucio, le encantaba.
Bajó la vista para mirarse a los pies, con el largo vestido no los veía, así que empezó a andar dando grandes zancadas para poder verse las puntas de los pies. iba descalza, pensó que si alguien la veía pensaría que era pobre, pero no había nadie, decidió darse rienda suelta, de todas formas, ¿quién iba a impedírselo?.
No sentía el suelo bajo sus pies, era como ir flotando, flotando por las calles de Madrid. La sensación era maravillosa, le gustaba, sentía como el aire le acariciaba el pelo y provocaba su lento movimiento hacía atrás, pero, ella no sentía ninguna caricia provocada por ese viento en la cara. Se paró en seco, había llegado a la Puerta del Sol, miró de un lado a otro, aún no se había fijado de que rea de noche.Para ella el día ya no existía, vivía en la más profunda y eterna de las noches. Se miró las manos, hacerlo le recordaba porque estaba sola y esa sensación no le gustaba. Estaba sola porque ya no podía estar con nadie, estaba muerta, era un fantasma. A través de sus blancas manos podía ver el suelo, veía a través de ellas como si fuesen cristal translucido.
La soledad volvió a invadirla, pero esta vez miró al frente y recordó, que antes no había estado mucho mejor, pues, los falsos amigos no la hicieron sentir mucho más acompañada.
Solo recordaba a tres o cuatro amigos de verdad, y, no estaba segura de si atribuirles tal mérito, pues , a la hora de la verdad nadie dio la cara por ella.
Ya se sabe que, los amigos verdaderos se cuentan con lo dedos de una mano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)