Una serie de imágenes pasan por tu mente, todas te resultan familiares, todas son recuerdos.
En unas aparecen viejos amigos, todos ya desaparecidos de tu vida, a ninguno volverás a ver...
Es de noche, está oscuro pero los destellos sonoros que impactan a tu lado iluminan las escenas que ante ti se desarrollan.
Cierras los ojos muy fuerte, para apartar los recuerdos. Necesitas la mente clara y abierta, no puedes distraerte, no puedes perder la concentración...
Sientes un abatimiento horrible que te paraliza el cuerpo, algo ha causado un gran golpe, sonoro, y un temblor a tu lado. Ves a algunos de tus compañeros nerviosos, gritan se comunican unos con otros, sus caras expresan miedo, tristeza, como si supiesen que van a perder algo valioso.
De pronto te das cuenta que no les oyes, sientes el temblor del suelo en tu pecho. Estas tendido en el suelo sin moverte. Te intentas incorporar en un momento de lucidez, consigues quedarte sentado con las piernas rectas, estiradas ante ti.
Una punzada de temor y dolor apuñala tu pecho al ver el estado de las extremidades. Pensabas >> Decir que están rotas es quedarse corto, están destrozadas<<
Siguen cayendo grandes resplandores extraños del cielo nocturno, precedidos de un silbido que, con su agudo tono ya anuncian la tragedia, taladrando tus oídos.
Miras al cielo, grandes aves mecánicas sobrevuelan el nido de arena donde estás refugiado.
Junto a los metálicos pájaros vuelan globos alargados, parece que supervisen la escena. Ambas criaturas son iluminadas por focos de luz blanca que proviene del mismo epicentro terrestre, al menos desde tu campo de visión.
Se van buscando luz y maquina.
Un nuevo temblor te abate y te saca de la ilusión donde te habías sumergido. Ha caído cerca y no te puedes mover.
Divisas un objeto alargado y de metal, un metal pesado a la vista y frío al tacto.
Te apoyas la parte trasera de aquel asesino inerte en el hombro, sientes su lomo frío en la cara. Te adaptas a él y miras a través de su mirada. Eres uno con aquel metálico ser infernal. Con un dedo consigues que te obedezca, empiezan a caer hombres ante ti, gracias a tu nuevo amigo frío como el hielo y sin corazón.
Un nuevo temblor aún más cercano te hace encogerte, provocando que aquel dragón de plomo caiga fuera de tu fortaleza de arena.
Vuelves a estar solo. tus compañeros han caído o han huido, las piernas te arden y nada puedes hacer para remediarlo. De tus ojos empiezan a surgir lágrimas, Calientes y saladas.
Te recorren la cara despacio, como si ni tus propias lágrimas quisiesen morir. Se dirigen a tu boca en un intento de volver dentro de tu cuerpo.
Los pájaros artificiales siguen lanzando desde el cielo sus huevos mortales. Te van a alcanzar, ya no puedes defenderte, ni puedes moverte.
Cierras los ojos dejando caer las últimas lágrimas. Cuando los abres te cercioras del desolador paisaje que tienes ante ti. No estás tan solo como pensabas. Ante tus ojos miles de cuerpos se presentan tumbados. Todos con la misma expresión de miedo. Parecía que durmiesen y estuviesen teniendo una pesadilla horrible, todos la misma pesadilla. Podría ser así, de no ser por que algunos no habían llegado a cerrar los ojos. Porque todos estaban bañados en barro y sangre...
Un último temblor hace que caigas tendido de espaldas en el suelo. Miras como malamente puedes tu pecho. Pequeñas astillas metálicas te atraviesan la piel. "Una guerra nunca es agradable" piensas. Unos últimos pensamientos que te habría gustado fuesen más agradables. La metralla te ha destrozado el cuerpo. Notas la boca espesa. Un hilo de sangre te baja por la comisura del labio. Lentamente la vida se te escapa de las manos.
Las bombas siguen cayendo del cielo, lanzadas como huevos mortales por las aves mecánicas, aviones, oscuros para camuflarse en el cielo nocturno. Los focos te dan en la cara de re filón. No sientes ningún calor ni tampoco frío. Miras al cielo con los ojos dilatados, quien te viese ahora pensaría que miras más allá de las estrellas.
En un último esfuerzo consigues gesticular una sonrisa. No cierras los ojos y tu piel está pálida, pero la sonrisa de tu rostro rompe con la monotonía de aquella trinchera de sacos de arena llena de almas que buscan la paz arrebatando vidas. Tu la has encontrado, pues los muertos son los únicos que ven el final de la guerra.
El mundo de tu imaginación
miércoles, 25 de abril de 2012
Los muertos son los únicos que ven el final de la guerra
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Fuerza natural
Estas mirando al cielo, está gris y el sol está escondido.
Estas tumbada en una playa, la arena está fría y pequeñas dunas se te clavan en la espalda.
No tienes pensado moverte, simplemente piensas quedarte ahí, sin apenas respirar, ni pestañear para no molestar al entorno tan pacifico y amenazante que te rodea.
Se oye desde el cielo un débil trueno. Iba solo, no le acompañaba ningún relámpago.
Giras la mirada hacía la nube de la que proviene el atroz sonido. Es el primer movimiento que haces en mucho tiempo, casi notas que te ha dolido. Recuperas la posición inicial.
Estas tumbada, miras al cielo.
Por tu brazo izquierdo empiezas a notar un cosquilleo, no quieres moverte e intentas ignorarlo.
El cosquilleo se mueve, << se extiende>> piensas, pero no es así. Se está moviendo y te sube por el brazo.
Frunces el ceño, sabes que algo va mal. Incorporas la cabeza, al hacerlo el cuello te arde de dolor, como mil agujas clavándose en tu piel.
Buscas el causante de ese cosquilleo, ignorando el dolor, pero, no es un "ese" sino un "eso". Pequeños granos de arena ruedan por tu piel, siguen moviéndose, pero lo hacen de forma extraña. Se mueven hacia arriba pero a su paso, de la inmensa playa grisácea les liguen otros.
Empiezan a subirte por las piernas. Ya te han cubierto los tobillos y las muñecas.
Tu incapacidad de movimiento ya no es voluntaria, de algún modo la arena te aprieta.
Te llega a la cintura, la envuelve y presiona, hasta el punto de no dejarte respirar.
Te agobias, forcejeas contra la naturaleza.
En todo este tiempo no has dejado de mirar al cielo, ni has gritado
Cierras los ojos, sientes frías las manos pero la cabeza te arde por la falta de oxigeno.
Ya no respiras, has dejado de forcejear, tu piel se ha vuelto blanca, tus dedos están amoratados.
La arena afloja su fuerza y empieza a subir recorriendo tu cuerpo por encima de la ropa, formando figuras en espirales y remolinos a su paso, acariciando tu piel fría y pálida. Llegando al cuello, mimando tu barbilla como caricias de alguien cercano, pasando por tus labios ahora rosa pálido. Algunos granos saltaban ya a tus largas pestañas, pegándose, abrazándose a ellas.
Cubre tus parados y finalmente tu frente.
Tanto habías deseado ser naturaleza que ahora eres parte de ella.
Estas tumbada en una playa, la arena está fría y pequeñas dunas se te clavan en la espalda.
No tienes pensado moverte, simplemente piensas quedarte ahí, sin apenas respirar, ni pestañear para no molestar al entorno tan pacifico y amenazante que te rodea.
Se oye desde el cielo un débil trueno. Iba solo, no le acompañaba ningún relámpago.
Giras la mirada hacía la nube de la que proviene el atroz sonido. Es el primer movimiento que haces en mucho tiempo, casi notas que te ha dolido. Recuperas la posición inicial.
Estas tumbada, miras al cielo.
Por tu brazo izquierdo empiezas a notar un cosquilleo, no quieres moverte e intentas ignorarlo.
El cosquilleo se mueve, << se extiende>> piensas, pero no es así. Se está moviendo y te sube por el brazo.
Frunces el ceño, sabes que algo va mal. Incorporas la cabeza, al hacerlo el cuello te arde de dolor, como mil agujas clavándose en tu piel.
Buscas el causante de ese cosquilleo, ignorando el dolor, pero, no es un "ese" sino un "eso". Pequeños granos de arena ruedan por tu piel, siguen moviéndose, pero lo hacen de forma extraña. Se mueven hacia arriba pero a su paso, de la inmensa playa grisácea les liguen otros.
Empiezan a subirte por las piernas. Ya te han cubierto los tobillos y las muñecas.
Tu incapacidad de movimiento ya no es voluntaria, de algún modo la arena te aprieta.
Te llega a la cintura, la envuelve y presiona, hasta el punto de no dejarte respirar.
Te agobias, forcejeas contra la naturaleza.
En todo este tiempo no has dejado de mirar al cielo, ni has gritado
Cierras los ojos, sientes frías las manos pero la cabeza te arde por la falta de oxigeno.
Ya no respiras, has dejado de forcejear, tu piel se ha vuelto blanca, tus dedos están amoratados.
La arena afloja su fuerza y empieza a subir recorriendo tu cuerpo por encima de la ropa, formando figuras en espirales y remolinos a su paso, acariciando tu piel fría y pálida. Llegando al cuello, mimando tu barbilla como caricias de alguien cercano, pasando por tus labios ahora rosa pálido. Algunos granos saltaban ya a tus largas pestañas, pegándose, abrazándose a ellas.
Cubre tus parados y finalmente tu frente.
Tanto habías deseado ser naturaleza que ahora eres parte de ella.
miércoles, 11 de abril de 2012
Por el cielo...
Soy antigua y eterna, como el fuego y las estrellas.
Soy eterna, si, pues muero y vuelvo a nacer de mi propio ser como el ave fénix.
Para unos pocos soy enigmática y hermosa, con mi cuerpo hago formas imposibles y al mirarme dicen sentir cosas maravillosas.
Para el resto de seres siempre he estado ahí. Viajando por el cielo. A través de las estrellas en la noche, sin pedir nada a cambio pero ofreciendo mi alma para su supervivencia.
Soy agua blanca, soy cielo oscuro, soy animales y cosas, soy....
Por lo azul viajo observando el mundo, sin intervenir más que lo justo, contemplando a todos los seres sobre la tierra y en ocasiones veo como ellos me contemplan a mi.
Soy una nube que vaga sola, sobre desiertos cálidos o fríos glaciares.
Muero para integrarme en el mundo, pues me deshago y bajo al mar, pero siempre regreso al cielo, convertida en vaporoso algodón, condenada a observar siempre desde arriba.
Ahora toca morir... Me sentiré viva durante un momento, un maravilloso momento, luego pasaré de nuevo a ser mil formas y ninguna a la vez....
Soy eterna, si, pues muero y vuelvo a nacer de mi propio ser como el ave fénix.
Para unos pocos soy enigmática y hermosa, con mi cuerpo hago formas imposibles y al mirarme dicen sentir cosas maravillosas.
Para el resto de seres siempre he estado ahí. Viajando por el cielo. A través de las estrellas en la noche, sin pedir nada a cambio pero ofreciendo mi alma para su supervivencia.
Soy agua blanca, soy cielo oscuro, soy animales y cosas, soy....
Por lo azul viajo observando el mundo, sin intervenir más que lo justo, contemplando a todos los seres sobre la tierra y en ocasiones veo como ellos me contemplan a mi.
Soy una nube que vaga sola, sobre desiertos cálidos o fríos glaciares.
Muero para integrarme en el mundo, pues me deshago y bajo al mar, pero siempre regreso al cielo, convertida en vaporoso algodón, condenada a observar siempre desde arriba.
Ahora toca morir... Me sentiré viva durante un momento, un maravilloso momento, luego pasaré de nuevo a ser mil formas y ninguna a la vez....
miércoles, 7 de marzo de 2012
Soledad.
No necesito a nadie ...¿o si? De todas formas nadie podría llenar al vacío que siento. Siempre hay uno en concreto que intenta ayudar, comparándome con otras personas, haciéndome ver que no soy nada, solo una más entre unos cuantos. No es que quiera destacar, ni ser mejor que el resto, pero no quiero ser igual, una copia. Al decir estas palabras ya me convierto en una, de toda esa gente que dice ser libre de modas, que dice ser ''diferente''.
Solo necesito una persona que me entienda, que no intente ayudar con abrazos o caricias y que sepa actuar.
Solo necesito una persona que me entienda, que no intente ayudar con abrazos o caricias y que sepa actuar.
Reflexión Moral / micro relato cuarto
Sola y vacía, no encajo en el mundo, nadie me entiende y todos quieren "ayudar", hacer algo por mi.
Cuanto más cómoda estoy, antes viene a por mi, ese sentimiento de angustia que me recuerda que no puedo estar ente personas.
Quiero irme lejos, escapar, salir corriendo, pero como en una pesadilla una puerta se cierra ante mi para impedirlo.
No se que más hacer para salir de aquí, para dejar de sentirme así. Únicamente escribiendo o dibujando me siento feliz, porque es mi única vía de escape quizá... ¿Para qué? Luego siempre llega alguien para estropear esos momentos.
Cuanto más cómoda estoy, antes viene a por mi, ese sentimiento de angustia que me recuerda que no puedo estar ente personas.
Quiero irme lejos, escapar, salir corriendo, pero como en una pesadilla una puerta se cierra ante mi para impedirlo.
No se que más hacer para salir de aquí, para dejar de sentirme así. Únicamente escribiendo o dibujando me siento feliz, porque es mi única vía de escape quizá... ¿Para qué? Luego siempre llega alguien para estropear esos momentos.
sábado, 3 de marzo de 2012
Miedo / micro relato tercero
Corres, cada vez más rápido, sientes el corazón en la garganta, no puedes parar. Sigue, sigue, no sabes por qué pero corres. Llegas a un callejón sin salida, te paras de golpe. Sientes que el estomago se te retuerce. Te apoyas en la pared. Las gotas de sudor resbalan por tu frente.
Miras al frente, le hechas todo el valor posible, las piernas te tiemblan, apenas te mantienes en pie.
Sabes que está cerca, lo notas acercarse cada vez más y más. Cierras los ojos.
Una única lágrima recorre tu mejilla. Abres los ojos, de golpe, la luz te ciega
Inconsciencia / micro relato segundo
De metal, de metal son tus sueños, fríos y esbeltos. Cálidos cuando rozan tus muñecas, pero fríos y mortales al principio.
No viene nadie, estas solo puedes hacerlo, solo debes deslizar el filo por tu muñeca pues, la tediosa enfermera no está. Has tirado las pastillas, están delante tuya en el suelo. El vaso de plástico donde te las han dado o usas ahora para meter los lápices de colores.
Miras una vez más, aún no viene, pero no te atreves.
El traje blanco se tiñe rojo, tu no lo has hecho pero hay está.
Cierras los ojos, sonríes… adiós.
Ella/ micro relato primero
Calida se presentaba aquella tarde. Mirabas al cielo con los ojos entrecerrados por el sol.
Tumbado encima de la hierba del parque, tus pensamientos solo se dirigían hacía un lugar, una persona en concreto.
Pensabas en esa persona más que en ti mismo. Ella, con la que apenas pasabas tiempo, pero con la que más agusto te encontrabas. Ella con la cual no hablas apenas porque no es necesario, vuestras propias miradas al cruzarse lo dicen todo.
Pero todo ha cambiado ¿verdad? Ya no eres capaz de hablarle, de mirarle... No sabes por qué….
Ella… piensas una vez más….
jueves, 9 de febrero de 2012
Transito
Corres, hace frío, el viento te hiela la cara, no puedes avanzar, el fuerte aire te retiene. Bajas la cabeza, no te sirve de nada, el viento te sigue azotando fuertemente.
Te paras, das dos pasos atrás pues el aire puede contigo. Te miras las manos, están pálidas por el frío. Las uñas están dejando su color natural por uno violáceo. Miras al frente, el mismo camino de siempre te resulta extraño, caminas, ahora despacio, recuerdas cosas, números, se te hace un nudo la garganta, la cabeza te arde en la zona de los ojos.
Quieres llorar, no puedes, sientes que el frío te podría congelar las lágrimas.
Sigues tus mismas huellas de todos los días aunque no las ves.
La fina hierba se hunde bajo tus pies una vez más, notas algo extraño en tus pisadas. Cuando hundes las botas en el frío suelo oyes como algo cruje.
Hay hielo, miras el paisaje y te das cuenta de que ha nevado. ¿En qué estás pensando? Has salido de casa hace rato y no te habías enterado de que había nieve. Tienes la cabeza en otro mundo, no eres consciente de qué o quiénes te rodean.
Te paras, vas a llorar, seguro, casi notas caer las lágrimas por tu cara, el nudo en la garganta no te deja tragar saliva. Miras al cielo, un pequeño y solitario copo de nieve te cae en la mejilla, está muy frío, congelado.
Hace rato que ignoras el aire. Caminas de nuevo, ya has llegado...... El instituto
Te paras, das dos pasos atrás pues el aire puede contigo. Te miras las manos, están pálidas por el frío. Las uñas están dejando su color natural por uno violáceo. Miras al frente, el mismo camino de siempre te resulta extraño, caminas, ahora despacio, recuerdas cosas, números, se te hace un nudo la garganta, la cabeza te arde en la zona de los ojos.
Quieres llorar, no puedes, sientes que el frío te podría congelar las lágrimas.
Sigues tus mismas huellas de todos los días aunque no las ves.
La fina hierba se hunde bajo tus pies una vez más, notas algo extraño en tus pisadas. Cuando hundes las botas en el frío suelo oyes como algo cruje.
Hay hielo, miras el paisaje y te das cuenta de que ha nevado. ¿En qué estás pensando? Has salido de casa hace rato y no te habías enterado de que había nieve. Tienes la cabeza en otro mundo, no eres consciente de qué o quiénes te rodean.
Te paras, vas a llorar, seguro, casi notas caer las lágrimas por tu cara, el nudo en la garganta no te deja tragar saliva. Miras al cielo, un pequeño y solitario copo de nieve te cae en la mejilla, está muy frío, congelado.
Hace rato que ignoras el aire. Caminas de nuevo, ya has llegado...... El instituto
jueves, 8 de diciembre de 2011
El faro.
Oyes un susurro que te estremece, te revuelves sobre una superficie blanda y plana, es incomoda, te llevas la mano a la cara y notas arena. Abres los ojos, ves un cielo gris frente a ti, te incorporas. Estas sentada sobre arena, delante ahora tienes el mar, turbio y gris como el cielo. No ves el Sol por ninguna parte, solo nubes.
Te levantas despacio para no marearte. Te sacudes las manos en el vestido, un vestido largo que te va arrastrando por la arena. Es gris igual que el resto del paisaje.
Empiezas a caminar y te das cuenta de que vas descalza, las conchas se te clavan en la planta de los pies. Es un dolor agradable. Tienes frío, una fuerte brisa te ataca de frente, echa tu cabello color fuego hacia atrás, la humedad del ambiente te empapa el rostro, o quizá es una espesa niebla que se empieza a levantar.
Según vas caminando empiezas a vislumbrar una pequeña luz parpadeante en el horizonte. Echas a correr, las conchas parecen ya pequeñas agujas clavándose en tus pies. Sientes el corazón en la garganta por culpa de la carrera, cuanto más corres más lejos parece estar la luz, sientes que vas a vomitar los pulmones, que si paras revientas así que sigues corriendo a pesar de no poder más con tu alma.
Para no caer te vas levantando el vestido, con la humedad se hace cada vez más pesado, tienes una pelea invencible con las telas hasta que ocurre, pisas los bajos del vestido, tropiezas y caes al suelo. El golpe lo recibes con las rodillas y sobretodo con la barbilla. Te incorporas haciendo fuerza con los codos. Notas el dolor en toda la mandíbula. Al caer te has mordido el labio inferior y notas la sangre, no es una gran herida y solo tienes un pequeño corte. Te levantas el vestido para analizar daños en las piernas. Solo tienes las rodillas doloridas, no hay sangre.
Te pones en pie, la luz sigue luciendo a lo lejos, tu corazón se va tranquilizando poco a poco. Intentas adivinar de donde viene la luz que parpadea entrecerrando un poco los ojos, pero no ves nada.
Caminas de nuevo hacia la luz, esta vez más despacio. > Estoy muerta< piensas, es la única explicación razonable que se te ocurre para explicar la luz.
No sabes que haces en una playa desierta, no sabes quién te llevó allí, piensas que sola no pudiste llegar, pero sola estás.
Parece que la luz si se acercaba esta vez.
Por fin llegas. Un gran muro de piedra se alza ante ti. Miras hacia arriba y ves la luz, girando sobre tu cabeza.
> Un faro< ahora todo cobra sentido, la luz era la de un faro.
De lejos empiezas a oír los graznidos de las gaviotas. Te giras e intentas buscarlas. La niebla sigue siendo muy densa. Te sientas con la espalda apoyada en el muro de piedra del faro. Metes la cabeza entre las rodillas, aún sientes el dolor en la boca, miras al frente...frente...
Te has quedado sin ideas. Ya no sabes como continuar la historia, has escrito sobre una chica perdida en una playa ella sola, se cae y ... ¿Qué? nada porque ya no tienes más ideas. Tienes una mente enrevesada, demasiado compleja, la has exprimido demasiado para crear hasta donde tienes, pero ya has gastado todos tus recursos. Te levantas de la silla negra del estudio, sales por la puerta y te vas al salón. Te tumbas en el sillón declinable que está junto a la estantería. Enciendes la tele y cierras los ojos. Piensas que si te duermes, alomejor sueñas con un final para tu historia, una historia con principio, pero sin final.
Mentalmente repasas el relato..." Oyes un susurro que te estremece, te revuelves sobre una superficie blanda y plana..."
Te levantas despacio para no marearte. Te sacudes las manos en el vestido, un vestido largo que te va arrastrando por la arena. Es gris igual que el resto del paisaje.
Empiezas a caminar y te das cuenta de que vas descalza, las conchas se te clavan en la planta de los pies. Es un dolor agradable. Tienes frío, una fuerte brisa te ataca de frente, echa tu cabello color fuego hacia atrás, la humedad del ambiente te empapa el rostro, o quizá es una espesa niebla que se empieza a levantar.
Según vas caminando empiezas a vislumbrar una pequeña luz parpadeante en el horizonte. Echas a correr, las conchas parecen ya pequeñas agujas clavándose en tus pies. Sientes el corazón en la garganta por culpa de la carrera, cuanto más corres más lejos parece estar la luz, sientes que vas a vomitar los pulmones, que si paras revientas así que sigues corriendo a pesar de no poder más con tu alma.
Para no caer te vas levantando el vestido, con la humedad se hace cada vez más pesado, tienes una pelea invencible con las telas hasta que ocurre, pisas los bajos del vestido, tropiezas y caes al suelo. El golpe lo recibes con las rodillas y sobretodo con la barbilla. Te incorporas haciendo fuerza con los codos. Notas el dolor en toda la mandíbula. Al caer te has mordido el labio inferior y notas la sangre, no es una gran herida y solo tienes un pequeño corte. Te levantas el vestido para analizar daños en las piernas. Solo tienes las rodillas doloridas, no hay sangre.
Te pones en pie, la luz sigue luciendo a lo lejos, tu corazón se va tranquilizando poco a poco. Intentas adivinar de donde viene la luz que parpadea entrecerrando un poco los ojos, pero no ves nada.
Caminas de nuevo hacia la luz, esta vez más despacio. > Estoy muerta< piensas, es la única explicación razonable que se te ocurre para explicar la luz.
No sabes que haces en una playa desierta, no sabes quién te llevó allí, piensas que sola no pudiste llegar, pero sola estás.
Parece que la luz si se acercaba esta vez.
Por fin llegas. Un gran muro de piedra se alza ante ti. Miras hacia arriba y ves la luz, girando sobre tu cabeza.
> Un faro< ahora todo cobra sentido, la luz era la de un faro.
De lejos empiezas a oír los graznidos de las gaviotas. Te giras e intentas buscarlas. La niebla sigue siendo muy densa. Te sientas con la espalda apoyada en el muro de piedra del faro. Metes la cabeza entre las rodillas, aún sientes el dolor en la boca, miras al frente...frente...
Te has quedado sin ideas. Ya no sabes como continuar la historia, has escrito sobre una chica perdida en una playa ella sola, se cae y ... ¿Qué? nada porque ya no tienes más ideas. Tienes una mente enrevesada, demasiado compleja, la has exprimido demasiado para crear hasta donde tienes, pero ya has gastado todos tus recursos. Te levantas de la silla negra del estudio, sales por la puerta y te vas al salón. Te tumbas en el sillón declinable que está junto a la estantería. Enciendes la tele y cierras los ojos. Piensas que si te duermes, alomejor sueñas con un final para tu historia, una historia con principio, pero sin final.
Mentalmente repasas el relato..." Oyes un susurro que te estremece, te revuelves sobre una superficie blanda y plana..."
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